El Dios viviente

Dios vivienteCuando a las personas las nombras la palabra Dios se imaginan todo tipo de cosas diferentes, de hecho si hay seis mil millones de personas en el mundo, la palabra Dios significa seis mil millones de cosas diferentes. Por eso quizás discutir sobre la existencia o no de Dios es una solemne estupidez, porque para empezar deberíamos ponernos de acuerdo en a que nos referimos por Dios.

Algunas personas pueden pensar que Dios en un señor omnipotente que vive en algún lugar a miles de kilómetros por encima de nuestras cabezas, mientras espera el momento de juzgarnos por nuestros actos. Otras personas pueden imaginarse a una entidad supranatural con miles de brazos que otorga bendiciones a los que la adoran, otros en cambio se pueden referir a la consciencia inherente en la manifestación, o a algún tipo de energía que impregna toda la creación. En todo caso conceptos que nada tienen que ver con la experiencia de Dios. Del Dios viviente. Del Guru Viviente, la Consciencia en tu interior y todo a tu alrededor.

Este Dios es un Dios experiencial, no un dios conceptual, y es de este Dios del que hablamos nosotros. De la experiencia de la consciencia de quien eres. No es difícil de imaginarse como la naturaleza misma ha creado formas capaces de conocer a la naturaleza misma que les dio forma. Es como si la naturaleza quisiera conocerse a si misma. Eso en la naturaleza que quiere conocerse a si mismo y el “yo” que sientes ser, es la misma cosa y es una experiencia del Dios viviente que se tiene aquí y ahora en el acto de conocer y conocerte a ti mismo, que es lo mismo.

Quizás la mejor manera de tener una experiencia subjetiva de este Dios viviente sea la devoción a la conceptualización de un dios personal. Como en la poesía de Hafez, Rumi o San Juan de la Cruz. La realidad subjetiva, que ninguna persona puede negar sin mentir, es que en el centro de su persona, lo que se llama popularmente el corazón de cada persona, reside un anhelo, el anhelo del amado o de la amada, de la compañía, de alguien con quien confirmar tu existencia, de alguien con quien compartir la totalidad de tu experiencia, de alguien que no es otro que tu dios personal. Es una conceptualización, un invento del hombre, sin embargo, al mismo tiempo es ese Dios, el que en el proceso de conocerse a si mismo, creo al dios personal que creo el hombre para conocerse.

Un argumento circular que se contiene a si mismo y por lo tanto es indemostrable, pero experienciable como en esta poesía del encuentro entre la esposa y el esposo:

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.
 
Pastores, los que fueseis
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vieseis
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.
 
Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.
 
¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado! 
 

Y responde la naturaleza:

Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.

 

 

 4 de Marzo                                                         6 de Marzo